En un lugar de la Francia, de cuyo nombre si puedo acordarme –París- tuvo lugar una de las batallas más épicas que descansa en los anales de la historia del atletismo. Tres valientes mosqueteros, Vicente, Ignacio y Borja junto a las mademoiselles (Damaris y Bea) de estos últimos llegaron un viernes por la tarde dispuestos a encontrar en el camino, su victoria. Como toda liturgia premaratoniana exige, la dieta previa a la carrera fue la misma con la que otros (también grandes atletas) se alzaron con el éxito en épocas anteriores: dos o tres cervezas por cabeza, steaktartarè (con mucho clombuterol), raclettes du formatge, vino de la Borgoña,… como se puede observar todo de lo más light posible –exceptuando el sábado por la noche que nos permitimos el exceso de comer un calórico y graso plato de pasta-.
El favor de los dioses nos fue concedido en lo que a temperatura ambiental se refiere; el termómetro oscilaba entre los veinte grados y el sol proyectaba en el asfalto la sombra de nuestras esbeltas y hercúleas siluetas. La gente se refrescaba alrededor de las fontaines y abarrotaban las terrazas de los bares como si Jordi fuera a dar un concierto con su guitarra al aire libre.
El maravilloso clima más propio de Estepona que de la ciudad del amor, también reinó en la jornada clave del viaje, el domingo. Borja e Ignacio, ilustres costaleros de la procesión de la madrugá, se levantaron a su hora habitual para despertar a las gallinas y comenzar con el protocolusgarcia-ratus de cada carrera; abrir y degustar el tupperware de spaguettis caseros, colocar con precisión los imperdibles del dorsal, aplicar los ungüentos en las zonas de riesgo, y cambiar el rostro relajado habitual, por una cara de concentración capaz de doblar cucharas soperas. Mientras tanto el escribano de estas líneas apuraba un poco más su romance con la almohada, y dedicaba en desayunar y vestirse menos tiempo del que Fernando Alonso necesita para repostar en boxes.
Abandonamos el hotel (muy confortable, por cierto) aproximadamente a las 7:30 y en menos que canta un gallo una canción no muy larga, nos reunimos con nuestros compañeros de “a to trapo” en el arc du triunfe para inmortalizar a los atletas más de moda del litoral español, e intercambiar estrategias e impresiones de cara a la inminente maratón. Francia en esta ocasión puso el arco, y España las flechas.
Pistoletazo de salida, los hermanos Usain García Rato, salen desde el cajón de 3,15 a un ritmo vertiginoso, menos de 4 minutos 50 segundos el kilómetro;
Una vez realizada nuestra empresa, pudimos dedicar el resto del viaje al ocio más superlativo (shoping, homenajes gastronómicos, algún jota-ví,…), algo que las maravillosa féminas del grupo agradecieron.
En nuestra aventura parisina, fue constante el recuerdo a los dos grandes ausentes del viaje, y el deseo de que en futuras carreras vuelvan a dirigir el equipo, porque la banda de música con Manolo y Maria José como directores de orquesta, suena siempre mucho mejor. Cerrando la crónica con una media verónica, el brindis de estas líneas, con todo el afecto de mi corazón, lleva su nombre.
-c´estfini-
Nombre Tiempo Posición
Nacho 3h:20 min 3147






28/05: Marcha cicloturista Sierra de Moratalla -179 km de ensayo general



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